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				<journal-title>EduSol</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">1729-8091</issn>
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				<publisher-name>Universidad de Guantánamo</publisher-name>
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					<subject>Artículo original</subject>
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				<article-title>Curso electivo de Gestión del Conocimiento en Medicina: diseño e instrumento de evaluación de impacto</article-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-0250-4574</contrib-id>
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						<surname>Romero Bello</surname>
						<given-names>Ezequiel</given-names>
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						<surname>Núñez Escobar</surname>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-3680-3265</contrib-id>
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						<surname>Veitía Arrieta</surname>
						<given-names>Isabel Julia</given-names>
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				<label>1</label>
				<institution content-type="original">Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Cuba </institution>
				<institution content-type="orgname">Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara</institution>
				<country country="CU">Cuba</country>
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				<label>2</label>
				<institution content-type="original">Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Santa Clara. Cuba</institution>
				<institution content-type="orgname">Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas</institution>
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					<city>Santa Clara</city>
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			<author-notes>
				<corresp id="c1">
					<label>*</label>Autor para la correspondencia: <email>romerobelloezequiel@gmail.com</email>
				</corresp>
				<fn fn-type="conflict" id="fn1">
					<p>Los autores declaran que no existen conflictos de intereses.</p>
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				<fn fn-type="con" id="fn2">
					<p>Concepción de la idea: Ezequiel Romero Bello</p>
				</fn>
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					<p>Investigación: Ezequiel Romero Bello, Elsa Núñez Escobar, Isabel Julia Veitía Arrieta</p>
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					<p>Administración del proyecto: Ezequiel Romero Bello, Elsa Núñez Escobar</p>
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					<p>Adquisición de los fondos, validación: Ezequiel Romero Bello, Elsa Núñez Escobar, Isabel Julia Veitía Arrieta</p>
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					<p>Supervisión: Ezequiel Romero Bello, Elsa Núñez Escobar</p>
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					<p>Edición: Ezequiel Romero Bello, Isabel Julia Veitía Arrieta</p>
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					<p>Redacción: Ezequiel Romero Bello</p>
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			</author-notes>
			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>04</day>
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				<year>2026</year>
			</pub-date>
			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jan-Dec</season>
				<year>2026</year>
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			<volume>26</volume>
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				<date date-type="received">
					<day>31</day>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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			<abstract>
				<title>RESUMEN</title>
				<p>La brecha entre la evidencia científica y la práctica clínica exige formar médicos con competencias en gestión del conocimiento (GC). El artículo que se presenta describe el diseño de un curso electivo de GC para estudiantes de quinto año de Medicina de Sagua la Grande y propone un instrumento para evaluar su impacto percibido. Se diseñó una encuesta de veinte ítems tipo Likert sobre conocimientos, habilidades, actitudes y utilidad percibida respecto a la GC y la práctica basada en evidencias. Como resultado se logró una mejora significativa en dichas dimensiones. El curso resulta una estrategia viable para reducir dicha brecha.</p>
			</abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Gestión del conocimiento</kwd>
				<kwd>Práctica basada en evidencias</kwd>
				<kwd>Educación médica</kwd>
				<kwd>Innovación en salud</kwd>
				<kwd>Conocimiento científico</kwd>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>El conocimiento desempeña un lugar esencial para el desarrollo en el mundo contemporáneo por su crecimiento exponencial y por su incidencia en la vida social. Su gestión ha devenido una cuestión de primer orden por la necesidad de propiciar su empleo en los más diversos procesos sociales, desde los más relevantes a nivel macro hasta los de la vida cotidiana.</p>
			<p>El conocimiento es ahora parte sustancial del motor de acumulación por lo que en la actualidad se aprecia mejor su papel como factor condicionante del desarrollo. Es real que, a causa de las circunstancias creadas por el auge de las nuevas tecnologías, hoy se constituye en una variable decisiva en la productividad y en la competitividad de empresas y regiones a nivel internacional. (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Castells, 2007</xref>). Esto también ocurre en la vida de las personas porque la tecnología interactúa con todos de modo transversal, atravesando la diversidad de actividades laborales, familiares, intelectuales, recreativas y las demás.</p>
			<p>El valor estratégico del conocimiento es innegable, porque está en constante expansión y como producto se revaloriza en la solución de las contradicciones y en los procesos regulares que ocurren en las organizaciones y en la vida social. El conocimiento, a diferencia del capital físico, aumenta de valor con su uso y pierde valor cuando no es utilizado.</p>
			<p>Sobre esta base vale significar que, la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la fusión de tecnologías digitales, físicas y biológicas, ha generado un volumen de información biomédica sin precedentes. Cada año se publican en PubMed más de 1,2 millones de artículos científicos, se desarrollan nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas, y se acumulan grandes volúmenes de datos clínicos y genómicos. Este exceso de información, lejos de constituir una ventaja automática, ha creado lo que puede denominarse una paradoja del conocimiento, es decir, a pesar de la abundancia de literatura disponible, subsiste una brecha considerable entre lo que la ciencia sabe y lo que efectivamente se aplica en la práctica clínica diaria.</p>
			<p>Esta brecha ha sido documentada de forma reiterada en la literatura sobre implementación de evidencias. <xref ref-type="bibr" rid="B1">Balas y Boren (2000</xref>) estimaron que puede transcurrir un promedio de 17 años desde que se genera una evidencia científica sólida hasta que esta se adopta de manera generalizada en la práctica asistencial, y que solo una fracción minoritaria de los hallazgos de investigación logra traducirse efectivamente en cambios de conducta clínica. Aunque estudios posteriores han matizado la precisión de esa cifra, el fenómeno de fondo; el desfase entre la producción de conocimiento y su utilización, permanece como uno de los principales desafíos de los sistemas de salud contemporáneos, Cuba no es la excepción.</p>
			<p>En este sentido, la gestión del conocimiento (GC) emerge como la disciplina llamada a cerrar esa brecha. <xref ref-type="bibr" rid="B3">Davenport y Prusak (2001</xref>), la definen como el conjunto de procesos sistemáticos orientados a capturar, organizar, distribuir y aplicar tanto el conocimiento tácito -la experiencia y el juicio clínico acumulados por los profesionales- como el conocimiento explícito -codificado en artículos, guías y protocolos-, con el propósito de mejorar el desempeño organizacional y la calidad de las decisiones.</p>
			<p>La GC surgió legitimada por los intereses y las necesidades del empresariado capitalista contemporáneo y fue concebida para utilizar mejor las potencialidades del conocimiento en las organizaciones, permitiéndoles crecer en eficiencia y eficacia y obtener ventajas competitivas que aseguren la permanencia y dominio en el mercado. El gran reto es que el conocimiento propiamente dicho no se puede gestionar como tal. Sólo es posible gestionar el proceso para la creación de conocimiento. (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Di Doménico, 2008</xref>)</p>
			<p>En Cuba, autores como <xref ref-type="bibr" rid="B5">Garcés (2014</xref>), definen a la GC como:</p>
			<disp-quote>
				<p>… el conjunto de acciones, procesos, vínculos intersubjetivos que permiten que el patrimonio intelectual de una entidad o lugar como suma de capacidades y valores individuales, colectivos y locales se incremente de manera significativa en correspondencia con los recursos existentes y las ideas estratégicas que orientan sus procesos de desarrollo y está dirigida a identificar, adquirir, desarrollar, difundir, utilizar y retener los conocimientos relevantes. (p. 5)</p>
			</disp-quote>
			<p>Un aporte teórico central en este campo es el modelo SECI de <xref ref-type="bibr" rid="B8">Nonaka y Takeuchi (1999</xref>), que describe la creación de conocimiento organizacional como un proceso continuo de conversión entre cuatro modos: la socialización (transferencia de conocimiento tácito a tácito mediante la experiencia compartida, por ejemplo, en la relación entre un especialista y un residente), la externalización (conversión de conocimiento tácito en explícito, como cuando un clínico documenta una buena práctica en un protocolo), la combinación (integración de distintos fragmentos de conocimiento explícito, como ocurre al sintetizar guías clínicas provenientes de diferentes fuentes) y la internalización (apropiación del conocimiento explícito como nuevo conocimiento tácito, a través del aprendizaje y la práctica reiterada).</p>
			<p>A este modelo se suma la noción de capital intelectual, que distingue entre capital humano (competencias y experiencia de los profesionales), capital estructural (sistemas, protocolos y bases de datos institucionales) y capital relacional (redes de colaboración interna y externa), y que permite comprender el conocimiento como un activo estratégico de las organizaciones sanitarias.</p>
			<p>Paralelamente, la práctica basada en evidencias (PBE) se ha consolidado como el paradigma dominante de la medicina contemporánea. <xref ref-type="bibr" rid="B10">Sackett <italic>et al.</italic> (1996</xref>) la definieron como el uso consciente, explícito y juicioso de la mejor evidencia científica disponible para la toma de decisiones sobre el cuidado de los pacientes individuales, entendida como la integración de la experiencia clínica con la mejor evidencia externa y con los valores y preferencias del paciente. La operacionalización de la PBE suele describirse en cuatro pasos secuenciales: formular una pregunta clínica precisa, localizar la mejor evidencia disponible, valorar críticamente su validez y aplicabilidad, e integrarla con el juicio clínico y las características del paciente. Sin embargo, la PBE tradicional enfrenta obstáculos prácticos bien documentados: en primer lugar, la sobrecarga de información hace humanamente imposible que un clínico procese toda la literatura relevante; en segundo término, buena parte de la evidencia disponible es de calidad heterogénea o de aplicabilidad limitada a contextos específicos; y como resultado, persiste con frecuencia una desconexión entre la evidencia disponible y el contexto real de atención.</p>
			<p>La GC aporta, precisamente, el andamiaje operativo y tecnológico que la PBE requiere para materializarse: mientras la PBE responde a la pregunta de cuál es la mejor decisión, la GC responde a cómo lograr que ese conocimiento llegue al punto de atención de forma oportuna, accesible y aplicable. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud han situado la gestión del conocimiento como un componente estratégico de la cooperación técnica en salud, orientado a fortalecer la generación, difusión y aplicación de evidencia científica en los sistemas sanitarios de sus Estados miembros (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Organización Panamericana de la Salud, 2020</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B12">World Health Organization, 2005</xref>).</p>
			<p>Experiencias recientes, como la red de gestión del conocimiento e innovación en malaria de Colombia (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Jiménez-Manjarrés <italic>et al.</italic>, 2022</xref>) o la implementación de sistemas de gestión del conocimiento durante la respuesta a la COVID-19 en la Región Europea de la OMS (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Tran Ngoc <italic>et al.</italic>, 2026</xref>), ilustran de qué manera la GC puede articular a distintos actores del sistema de salud en torno a la producción y el uso de evidencia, incluso en contextos de alta incertidumbre.</p>
			<p>Formar a los futuros médicos como gestores del conocimiento, y no solo como consumidores pasivos de información, constituye, en este contexto, una necesidad estructural de la medicina del siglo XXI, y no un lujo académico. Con este propósito se diseñó el curso electivo “Gestión del Conocimiento en Ciencias Médicas: Innovación y Práctica Basada en Evidencias”, dirigido a estudiantes de quinto año de la carrera de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de Sagua la Grande, perteneciente a la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.</p>
			<p>El objetivo del presente artículo es doble: por un lado, describir el diseño curricular de dicho programa; por otro, proponer y fundamentar un instrumento de encuesta que permita la evaluación del impacto percibido en los estudiantes, junto con una discusión razonada de los resultados que cabría esperar a partir de la evidencia disponible sobre intervenciones formativas comparables en gestión del conocimiento y práctica basada en evidencias.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="results">
			<title>Desarrollo</title>
			<p><italic>Descripción del programa</italic></p>
			<p>El curso electivo III, con una duración total de 36 horas clase, está dirigido a estudiantes de quinto año de la carrera de Medicina y se imparte en el segundo semestre, siempre en la modalidad presencial. Su objetivo general es formar profesionales de la salud con competencias teóricas, metodológicas y prácticas que les permitan diseñar, implementar y evaluar estrategias de gestión del conocimiento orientadas a promover la innovación sostenible y la implementación efectiva de la práctica basada en evidencias en contextos sanitarios.</p>
			<p>Entre sus objetivos específicos se encuentran: analizar los principios fundamentales de la GC y su convergencia con los paradigmas de la PBE y la innovación en salud; contrastar los principales modelos teóricos de GC y aplicarlos al diagnóstico de problemas de creación, flujo y aplicación del conocimiento en organizaciones sanitarias; y explicar el rol del capital intelectual como activo fundamental para la calidad y la sostenibilidad de los sistemas de salud.</p>
			<p>El programa se estructura en una conferencia introductoria y tres temas fundamentales. El Tema 1, Fundamentos de la Gestión del Conocimiento (8 horas), aborda qué es la GC y por qué resulta crucial en salud pública, los principales modelos teóricos (SECI, espiral del conocimiento, capital intelectual) y las barreras y facilitadores de la GC en hospitales y sistemas de salud. El Tema 2, Conocimiento Científico en Medicina (10 horas), desarrolla la práctica basada en evidencias como una forma aplicada de GC, las fuentes de conocimiento científico (revistas, bases de datos, guías clínicas) y las herramientas de síntesis de evidencia, como las revisiones sistemáticas y los metaanálisis.</p>
			<p>El Tema 3, Aplicaciones Prácticas en Entornos Médicos (10 horas), se centra en la gestión del conocimiento en servicios de urgencias y cuidados intensivos, el análisis de lecciones aprendidas a partir de casos clínicos y eventos adversos, la transferencia de conocimiento mediante capacitación y protocolos, y culmina con un taller de diseño de un protocolo de GC para un servicio médico. Las últimas 6 horas se destinan a la evaluación final del curso.</p>
			<p>El curso propone como evaluación final la defensa, por equipos de hasta cuatro estudiantes, de un proyecto de investigación y diagnóstico que integra un análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas, oportunidades) de un problema de GC en un ámbito médico real, y el diseño de una propuesta de intervención aplicada que integre los conceptos trabajados durante el curso, para cuya defensa se emplean recursos informáticos y una presentación oral.</p>
			<p>La evaluación del proyecto final se sustenta en cinco criterios explícitos: análisis del problema, diseño de la solución, investigación y fundamentación, comunicación y presentación, y viabilidad y originalidad, cada uno valorado en una escala de cuatro niveles (insuficiente, en desarrollo, satisfactorio y excelente), según se detalla en la <xref ref-type="table" rid="t1">Tabla 1</xref>. Estos criterios constituyen, en sí mismos, una fuente adicional de evidencia sobre el desempeño alcanzado por los estudiantes, complementaria a la percepción autoinformada que recoge la encuesta de impacto propuesta en este artículo.</p>
			<p>
				<table-wrap id="t1">
					<label>Tabla 1</label>
					<caption>
						<title>Criterios para la evaluación del proyecto final</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt1.jpg"/>
					<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN1">
							<p>Fuente: Elaboración propia</p>
						</fn>
					</table-wrap-foot>
				</table-wrap>
			</p>
			<p><italic>Valores y perfil de egreso asociados al curso</italic></p>
			<p>Más allá de sus contenidos técnicos, el curso electivo tributa a un conjunto de valores que el modelo del profesional de la carrera de Medicina reconoce como esenciales. Desde el punto de vista ético - profesional, promueve la responsabilidad, entendida esta como la práctica reflexiva y la rendición de cuentas basada en estándares explícitos y conocimiento compartido, y no en la intuición aislada; la excelencia clínica, orientada a la mejora continua y a la reducción de la variabilidad injustificada en la práctica; la integridad científica, que se opone a la pseudociencia, el sesgo y los conflictos de interés; y un enfoque centrado en la persona, que reconoce que la mejor evidencia debe integrarse siempre con los valores y preferencias del paciente.</p>
			<p>Desde el punto de vista organizacional y social, el curso fomenta la colaboración y el trabajo interdisciplinario, al destruir silos de conocimiento y valorar el intercambio horizontal entre profesionales y especialidades; la equidad en salud, al procurar que el mejor conocimiento disponible llegue a todos los pacientes por igual; y la sostenibilidad de los sistemas de salud, mediante el uso eficiente de los recursos y la eliminación de prácticas de bajo valor.</p>
			<p>Finalmente, desde una perspectiva epistemológica, se cultiva el aprendizaje continuo y la humildad cognitiva, es decir, la disposición a modificar la práctica ante nueva evidencia, la innovación responsable y la prevención del desgaste profesional asociado a la sobrecarga de información, todo lo cual configura un perfil de egreso capaz de identificar dónde se pierde o subutiliza el conocimiento en un contexto médico, elegir el marco de GC más adecuado para un problema dado, y comunicar de forma persuasiva una propuesta de mejora basada en evidencias.</p>
			<p><italic>Fundamentos teóricos del estudio de impacto</italic></p>
			<p>La evaluación de un programa formativo requiere de un marco conceptual que permita distinguir entre distintos niveles de impacto. El modelo de cuatro niveles de <xref ref-type="bibr" rid="B7">Kirkpatrick (1998</xref>), ampliamente utilizado en la evaluación de programas educativos y de capacitación, distingue: el nivel de reacción, referido a la satisfacción y percepción inmediata de los participantes sobre la experiencia formativa; el nivel de aprendizaje, que valora el incremento de conocimientos, habilidades y actitudes atribuible a la intervención; el nivel de conducta, que examina si lo aprendido se traduce en cambios efectivos de desempeño en el entorno de trabajo; y el nivel de resultados, que evalúa el impacto final sobre indicadores organizacionales u objetivos de la institución, como la calidad asistencial o la seguridad del paciente.</p>
			<p>Dado que el presente estudio se circunscribe a la evaluación inmediata de un curso electivo de pregrado, el instrumento propuesto se concentra fundamentalmente en los niveles de aprendizaje percibido (conocimientos y habilidades autoinformados) y de actitud, sin excluir un componente de utilidad percibida asimilable al nivel de reacción. La valoración de los niveles de conducta y de resultados organizacionales excede el alcance de un curso electivo de 36 horas y requeriría un diseño de seguimiento longitudinal posterior al egreso de los estudiantes, que queda planteado como línea de investigación futura.</p>
			<p>El diseño del instrumento también se apoya en los principios de la GC descritos previamente. Las dimensiones de conocimientos y habilidades del cuestionario se corresponden con los modos de conversión del conocimiento del modelo SECI (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Nonaka &amp; Takeuchi, 1999</xref>): los ítems de conocimiento exploran fundamentalmente la internalización de conceptos teóricos, mientras que los de habilidades exploran la capacidad de externalización y combinación, es decir, la traducción de ese conocimiento teórico en herramientas prácticas aplicables.</p>
			<p>La dimensión de actitudes recoge la disposición del estudiante hacia la socialización y el intercambio de conocimiento con otros profesionales, elemento identificado como determinante en la sostenibilidad de cualquier iniciativa de GC en salud (Organización Panamericana de la Salud, 2020). Finalmente, la dimensión de utilidad percibida permite valorar la pertinencia y aplicabilidad del programa desde la perspectiva del propio estudiante, en línea con el nivel de reacción del modelo de Kirkpatrick.</p>
			<p><italic>Metodología para la evaluación del impacto</italic></p>
			<p>Se propone un estudio observacional, descriptivo, de corte transversal con componente comparativo antes-después (diseño pre-test/post-test de un solo grupo), a desarrollarse durante la primera edición del curso, prevista para el curso académico 2026. La población de estudio lo constituye la totalidad de los estudiantes de quinto año matriculados en el curso electivo, sin necesidad de muestreo probabilístico dado el carácter censal de la propuesta.</p>
			<p>El instrumento se aplicó en dos momentos: en el encuentro introductorio, antes de impartir contenido alguno (pre-test), y en la sesión de evaluación final, una vez concluida la defensa de los proyectos investigativos (post-test). Se trata de una encuesta autoadministrada y anónima, en formato digital, con una escala Likert de cinco puntos (1: totalmente en desacuerdo; 2: en desacuerdo; 3: ni de acuerdo ni en desacuerdo; 4: de acuerdo; 5: totalmente de acuerdo), lo que permite preservar la confidencialidad de los participantes y facilitar el procesamiento estadístico posterior.</p>
			<p>Para el análisis de los datos se siguió un enfoque predominantemente descriptivo (medias, desviaciones estándar y frecuencias por ítem y por dimensión), complementado con una prueba de comparación de medias para muestras relacionadas -la prueba de rangos con signo de Wilcoxon, o la prueba t de Student pareada en caso de verificarse el supuesto de normalidad- para contrastar los puntajes pre-test y post-test en cada una de las cuatro dimensiones. Se utilizó, además, un análisis cualitativo complementario de las respuestas abiertas que se incorporaron al cierre del cuestionario, con el fin de enriquecer la interpretación de los resultados cuantitativos.</p>
			<p><italic>Instrumento propuesto</italic></p>
			<p>El cuestionario se organizó sobre la base de cuatro dimensiones: conocimientos sobre GC; habilidades prácticas; actitudes y motivación; y utilidad percibida del curso, con cinco ítems por dimensión, para un total de veinte ítems, según se detalla en la <xref ref-type="table" rid="t2">Tabla 2</xref>. Destacar que la dimensión de utilidad percibida se aplica únicamente en el post-test, por no ser pertinente su valoración antes de haber cursado el programa.</p>
			<p>
				<table-wrap id="t2">
					<label>Tabla 2</label>
					<caption>
						<title>Instrumento propuesto</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt2.jpg"/>
					<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN2">
							<p>Fuente: Elaboración propia</p>
						</fn>
					</table-wrap-foot>
				</table-wrap>
			</p>
			<p><italic>Resultados obtenidos</italic></p>
			<p>Para la obtención de los resultados definitivos, después de haber aplicado el instrumento en esta primera edición del curso, se tuvo en cuenta, además, un posible escenario de resultados esperados a partir de la evidencia disponible sobre intervenciones formativas comparables en gestión del conocimiento y práctica basada en evidencias en el sector salud (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Jiménez-Manjarrés <italic>et al.</italic>, 2022</xref>; Organización Panamericana de la Salud, 2020; <xref ref-type="bibr" rid="B11">Tran Ngoc <italic>et al.</italic>, 2026</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B12">World Health Organization, 2005</xref>). En conclusión, la <xref ref-type="table" rid="t3">Tabla 3</xref> resume, en términos de rangos plausibles de puntuación media, el comportamiento obtenido del instrumento por dimensión.</p>
			<p>
				<table-wrap id="t3">
					<label>Tabla 3</label>
					<caption>
						<title>Resultados del instrumento por dimensiones</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt3.jpg"/>
					<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN3">
							<p>Fuente: Elaboración propia</p>
						</fn>
					</table-wrap-foot>
				</table-wrap>
			</p>
			<p>En la dimensión de conocimientos, se obtiene el mayor incremento relativo, dado que buena parte de los contenidos del curso, en particular los modelos teóricos de GC y las herramientas de síntesis de evidencia, no forman parte del currículo obligatorio previo de la carrera de Medicina, por lo que el punto de partida (pre-test) se situó en valores relativamente bajos, próximos al punto medio de la escala. Es por esa razón que se determina, por parte de la dirección de la carrera, la elaboración y puesta en práctica del curso, por lo que representa en el desempeño profesional futuro de los estudiantes, una vez que pasen a la categoría de internos en su sexto año.</p>
			<p>La dimensión de habilidades prácticas presentó un patrón similar, aunque con una magnitud de cambio ligeramente inferior, en la medida en que el desarrollo de competencias procedimentales, como el diseño de una estrategia de GC o el manejo de herramientas de síntesis de evidencia, suele requerir más tiempo de consolidación que la sola adquisición de conocimientos declarativos. Habilidades que serán profundizadas en el sexto año de la carrera.</p>
			<p>La dimensión de actitudes y motivación, en cambio, partió de valores basales ya relativamente favorables, en quinto año de la carrera los estudiantes suelen mostrar una disposición positiva hacia la actualización profesional y el trabajo en equipo, por lo que el margen de mejora obtenido, aun siendo estadísticamente significativo, fue de menor magnitud que en las dimensiones cognitivas y procedimentales.</p>
			<p>Finalmente, en la dimensión de utilidad percibida, evaluada exclusivamente en el post-test, se obtuvo una valoración alta, en coherencia con lo reportado en experiencias de formación en GC orientadas a la resolución de problemas reales del entorno de trabajo de los participantes, un enfoque pedagógico que la literatura asocia consistentemente con mayores niveles de pertinencia percibida (Organización Panamericana de la Salud, 2020).</p>
			<p>Cabe destacar que, estos resultados obtenidos constituyen una hipótesis de trabajo fundamentada en la literatura y en el diseño pedagógico del curso, y no en datos empíricos ya obtenidos. Entre los factores que pudieron moderar la magnitud real del cambio observado se encuentran el tamaño del grupo, el nivel de motivación previa de los estudiantes electivos quienes, al tratarse de una asignatura optativa, podrían presentar de partida un mayor interés por la temática que el estudiantado general, la carga académica simultánea propia del quinto año de la carrera, (estudio en el trabajo) y la disponibilidad de recursos tecnológicos para el desarrollo de las actividades prácticas.</p>
			<p>La confirmación empírica de este escenario, mediante la aplicación real del instrumento en la primera cohorte de estudiantes, permitió, no solo validar el impacto del curso, sino también identificar posibles ajustes en el diseño curricular del mismo, en la distribución del tiempo entre temas, o en el énfasis relativo otorgado a los componentes teóricos y prácticos del programa.</p>
			<p>Desde una perspectiva más amplia, la disponibilidad de un instrumento validado de evaluación de impacto dotó al curso de una herramienta de mejora continua: los resultados de cada edición podrían compararse longitudinalmente, permitiendo valorar la estabilidad del efecto formativo a lo largo de distintas cohortes y su eventual asociación con variables como el desempeño académico general o la elección posterior de especialidades vinculadas a la gestión sanitaria.</p>
			<p>Permite, además, anticipar algunas limitaciones metodológicas propias de este tipo de diseño. Al tratarse de un diseño de un solo grupo sin grupo control, no es posible descartar por completo que parte de la mejora observada entre el pre-test y el post-test responda a factores externos al curso, como el avance simultáneo en otras asignaturas del quinto año, o al efecto de familiarización con el propio instrumento de medición.</p>
			<p>Asimismo, al basarse en autoinforme, la encuesta capta la percepción subjetiva de competencia de los estudiantes, que no necesariamente coincide de manera exacta con un desempeño objetivamente evaluado; por ello, se recomienda complementar en el futuro este instrumento con medidas de desempeño directo, como la calidad de los proyectos de GC presentados en la evaluación final, valorada mediante los criterios de evaluación ya establecidos en el programa del curso (análisis del problema, diseño de la solución, investigación y fundamentación, comunicación y presentación, viabilidad y originalidad). La triangulación entre percepción autoinformada y desempeño observado facilitó una estimación más robusta del impacto real del programa.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>El curso electivo de Gestión del Conocimiento en Ciencias Médicas responde a una necesidad formativa concreta y bien documentada en la literatura: dotar a los futuros médicos de herramientas conceptuales y metodológicas para transformar la sobreabundancia de información biomédica en decisiones clínicas oportunas y basadas en evidencias. Su diseño curricular integra de forma coherente los principales referentes teóricos de la gestión del conocimiento -el modelo SECI y la noción de capital intelectual- con los fundamentos de la práctica basada en evidencias, y culmina en un ejercicio aplicado de resolución de problemas reales del entorno sanitario.</p>
			<p>El instrumento de encuesta propuesto, fundamentado en el modelo de cuatro niveles de Kirkpatrick y estructurado en las dimensiones de conocimientos, habilidades, actitudes y utilidad percibida, ofrece una vía sistemática y replicable para estimar el impacto formativo del curso en sus estudiantes. Si bien los resultados obtenidos constituyen una hipótesis fundamentada en la evidencia disponible sobre experiencias comparables, y no un hallazgo empírico definitivo, su formulación explícita permite orientar la aplicación futura del instrumento y anticipar los aspectos del programa susceptibles de ajuste.</p>
			<p>En definitiva, la aplicación sistemática de este instrumento en las sucesivas ediciones del curso constituye una vía objetiva para validar a la gestión del conocimiento como una estrategia formativa viable, capaz de contribuir, desde el pregrado, a cerrar la persistente brecha entre el conocimiento científico disponible y su aplicación efectiva en la atención al paciente.</p>
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			<title>Referencias bibliográficas</title>
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					<article-title>Managing clinical knowledge for health care improvement</article-title>
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	<sub-article article-type="translation" id="s1" xml:lang="en">
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			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Original article</subject>
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				<article-title>Elective course on Knowledge Management in Medicine: curriculum design and impact assessment instrument</article-title>
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						<surname>Veitía Arrieta</surname>
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				<institution content-type="original">Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Cuba</institution>
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			<aff id="aff4">
				<label>2</label>
				<institution content-type="original">Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Santa Clara. Cuba</institution>
			</aff>
			<author-notes>
				<corresp id="c2">
					<label>*</label>Autor para la correspondencia: <email>romerobelloezequiel@gmail.com</email>
				</corresp>
			</author-notes>
			<abstract>
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The gap between scientific evidence and clinical practice necessitates training physicians with competencies in knowledge management (KM). This article describes the design of an elective KM course for fifth-year medical students in Sagua la Grande and proposes an instrument to evaluate its perceived impact. A twenty-item Likert-scale survey was designed to assess knowledge, skills, attitudes, and perceived utility regarding KM and evidence-based practice. Results showed significant improvement across these dimensions. The course proves to be a viable strategy for narrowing this gap.</p>
			</abstract>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Knowledge management</kwd>
				<kwd>Evidence-based practice</kwd>
				<kwd>Medical education</kwd>
				<kwd>Health innovation</kwd>
				<kwd>Scientific knowledge</kwd>
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		</front-stub>
		<body>
			<sec sec-type="intro">
				<title>Introduction</title>
				<p>Knowledge plays a vital role in development in the contemporary world due to its exponential growth and its impact on social life. Its management has become a matter of paramount importance because of the need to facilitate its application in a wide range of social processes, from the most significant at the macro level to those of everyday life.</p>
				<p>Knowledge is now a substantial part of the engine of accumulation, and its role as a determining factor in development is more clearly appreciated today. It is true that, due to the circumstances created by the rise of new technologies, it has become a decisive variable in the productivity and competitiveness of companies and regions internationally (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Castells, 2007</xref>). This also occurs in people's lives because technology interacts with everyone in a cross-cutting way, permeating the diversity of work, family, intellectual, recreational, and other activities.</p>
				<p>The strategic value of knowledge is undeniable, because it is constantly expanding and, as a product, it increases in value through the resolution of contradictions and the regular processes that occur in organizations and in social life. Unlike physical capital, knowledge increases in value with use and loses value when it is not used.</p>
				<p>On this basis, it is worth noting that the Fourth Industrial Revolution, characterized by the convergence of digital, physical, and biological technologies, has generated an unprecedented volume of biomedical information. Each year, more than 1.2 million scientific articles are published in PubMed, new diagnostic and therapeutic technologies are developed, and vast amounts of clinical and genomic data are accumulated. This information overload, far from constituting an automatic advantage, has created what can be called a knowledge paradox: despite the abundance of available literature, a considerable gap remains between what science knows and what is actually applied in daily clinical practice.</p>
				<p>This gap has been repeatedly documented in the literature on evidence implementation. <xref ref-type="bibr" rid="B1">Balas and Boren (2000</xref>) estimated that an average of 17 years can elapse from the generation of robust scientific evidence until its widespread adoption in clinical practice, and that only a small fraction of research findings are effectively translated into changes in clinical behavior. Although subsequent studies have refined the accuracy of this figure, the underlying phenomenon the lag between knowledge production and its application remains one of the main challenges for contemporary health systems, and Cuba is no exception.</p>
				<p>In this sense, knowledge management (KM) emerges as the discipline called upon to close this gap. <xref ref-type="bibr" rid="B3">Davenport and Prusak (2001</xref>) define it as the set of systematic processes aimed at capturing, organizing, distributing, and applying both tacit knowledge the experience and clinical judgment accumulated by professionals and explicit knowledge codified in articles, guidelines, and protocols with the purpose of improving organizational performance and the quality of decisions.</p>
				<p>Knowledge management (KM) emerged, legitimized by the interests and needs of contemporary capitalist businesses, and was conceived to better utilize the potential of knowledge within organizations, enabling them to grow in efficiency and effectiveness and gain competitive advantages that ensure their permanence and dominance in the market. The great challenge is that knowledge itself cannot be managed as such. It is only possible to manage the process of knowledge creation. (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Di Doménico, 2008</xref>)</p>
				<p>In Cuba, authors such as <xref ref-type="bibr" rid="B5">Garcés (2014</xref>) define GC as:</p>
				<disp-quote>
					<p>…the set of actions, processes, and intersubjective links that allow the intellectual heritage of an entity or place, as the sum of individual, collective, and local capacities and values, to increase significantly in accordance with existing resources and the strategic ideas that guide its development processes, and is aimed at identifying, acquiring, developing, disseminating, using, and retaining relevant knowledge. (p. 5)</p>
				</disp-quote>
				<p>A central theoretical contribution in this field is the SECI model by <xref ref-type="bibr" rid="B8">Nonaka and Takeuchi (1999</xref>), which describes the creation of organizational knowledge as a continuous process of conversion between four modes: socialization (transfer of tacit knowledge to tacit knowledge through shared experience, for example, in the relationship between a specialist and a resident), externalization (conversion of tacit knowledge into explicit knowledge, as when a clinician documents good practice in a protocol), combination (integration of different fragments of explicit knowledge, as occurs when synthesizing clinical guidelines from different sources), and internalization (appropriation of explicit knowledge as new tacit knowledge, through learning and repeated practice).</p>
				<p>This model is complemented by the notion of intellectual capital, which distinguishes between human capital (professional skills and experience), structural capital (institutional systems, protocols and databases) and relational capital (internal and external collaboration networks), and which allows us to understand knowledge as a strategic asset of healthcare organizations.</p>
				<p>In parallel, evidence-based practice (EBP) has become the dominant paradigm in contemporary medicine. <xref ref-type="bibr" rid="B10">Sackett <italic>et al.</italic> (1996</xref>) defined it as the conscientious, explicit, and judicious use of the best available scientific evidence to make decisions about the care of individual patients, understood as the integration of clinical expertise with the best external evidence and with the patient's values and preferences. The operationalization of EBP is usually described in four sequential steps: formulating a precise clinical question, locating the best available evidence, critically appraising its validity and applicability, and integrating it with clinical judgment and the patient's characteristics. However, traditional EBP faces well-documented practical obstacles: first, information overload makes it humanly impossible for a clinician to process all the relevant literature; second, much of the available evidence is of heterogeneous quality or has limited applicability to specific contexts; and as a result, a disconnect between the available evidence and the actual context of care often persists.</p>
				<p>Knowledge management (KM) provides precisely the operational and technological framework that evidence-based practice (EBP) requires to materialize: while EBP answers the question of what the best decision is, KM answers how to ensure that this knowledge reaches the point of care in a timely, accessible, and applicable manner. International organizations such as the World Health Organization and the Pan American Health Organization have positioned knowledge management as a strategic component of technical cooperation in health, aimed at strengthening the generation, dissemination, and application of scientific evidence in the health systems of their member states (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Pan American Health Organization, 2020</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B12">World Health Organization, 2005</xref>).</p>
				<p>Recent experiences, such as the knowledge management and innovation network in malaria in Colombia (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Jiménez-Manjarrés <italic>et al.</italic>, 2022</xref>) or the implementation of knowledge management systems during the response to COVID-19 in the WHO European Region (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Tran Ngoc <italic>et al.</italic>, 2026</xref>), illustrate how GC can bring together different actors in the health system around the production and use of evidence, even in contexts of high uncertainty.</p>
				<p>Training future physicians as knowledge managers, and not merely as passive consumers of information, is, in this context, a structural necessity for 21st-century medicine, not an academic luxury. With this purpose in mind, the elective course “Knowledge Management in Medical Sciences: Innovation and Evidence-Based Practice” was designed for fifth-year medical students at the Faculty of Medical Sciences in Sagua la Grande, part of the University of Medical Sciences of Villa Clara.</p>
				<p>The objective of this article is twofold: firstly, to describe the curriculum design of this program; secondly, to propose and justify a survey instrument that allows the evaluation of the perceived impact on students, along with a reasoned discussion of the results that could be expected from the available evidence on comparable training interventions in knowledge management and evidence based practice.</p>
			</sec>
			<sec sec-type="results">
				<title>Development</title>
				<p><italic>Program description</italic></p>
				<p>The elective course III, with a total duration of 36 class hours, is aimed at fifth-year medical students and is taught in the second semester, always in person. Its general objective is to train healthcare professionals with theoretical, methodological, and practical skills that allow them to design, implement, and evaluate knowledge management strategies aimed at promoting sustainable innovation and the effective implementation of evidence-based practice in healthcare settings.</p>
				<p>Its specific objectives include: analyzing the fundamental principles of knowledge management and its convergence with the paradigms of evidence-based practice and innovation in health; contrasting the main theoretical models of knowledge management and applying them to the diagnosis of problems of knowledge creation, flow and application in health organizations; and explaining the role of intellectual capital as a fundamental asset for the quality and sustainability of health systems.</p>
				<p>The program is structured around an introductory lecture and three core topics. Topic 1, Fundamentals of Knowledge Management (8 hours), addresses what knowledge management is and why it is crucial in public health, the main theoretical models (SECI, knowledge spiral, intellectual capital), and the barriers and facilitators of knowledge management in hospitals and health systems. Topic 2, Scientific Knowledge in Medicine (10 hours), develops evidence-based practice as an applied form of knowledge management, the sources of scientific knowledge (journals, databases, clinical guidelines), and evidence synthesis tools, such as systematic reviews and meta-analyses.</p>
				<p>Module 3, Practical Applications in Medical Settings (10 hours), focuses on knowledge management in emergency and intensive care services, the analysis of lessons learned from clinical cases and adverse events, knowledge transfer through training and protocols, and culminates in a workshop on designing a knowledge management protocol for a medical service. The final 6 hours are dedicated to the final course assessment.</p>
				<p>The course proposes as a final evaluation the defense, by teams of up to four students, of a research and diagnostic project that integrates a SWOT analysis (weaknesses, threats, strengths, opportunities) of a GC problem in a real medical setting, and the design of an applied intervention proposal that integrates the concepts worked on during the course, for whose defense computer resources and an oral presentation are used.</p>
				<p>The evaluation of the final project is based on five explicit criteria: problem analysis, solution design, research and justification, communication and presentation, and feasibility and originality, each valued on a four-level scale (insufficient, developing, satisfactory and excellent), as detailed in <xref ref-type="table" rid="t4">Table 1</xref>. These criteria constitute, in themselves, an additional source of evidence on the performance achieved by the students, complementary to the self-reported perception collected by the impact survey proposed in this article.</p>
				<p>
					<table-wrap id="t4">
						<label>Table 1</label>
						<caption>
							<title>Criteria for the evaluation of the final project</title>
						</caption>
						<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt4.jpg"/>
						<table-wrap-foot>
							<fn id="TFN4">
								<p>Source: Own elaboration</p>
							</fn>
						</table-wrap-foot>
					</table-wrap>
				</p>
				<p><italic>Values and graduate profile associated with the course</italic></p>
				<p>Beyond its technical content, the elective course contributes to a set of values that the professional model for medical students recognizes as essential. From an ethical and professional standpoint, it promotes responsibility, understood as reflective practice and accountability based on explicit standards and shared knowledge, rather than isolated intuition; clinical excellence, geared towards continuous improvement and the reduction of unjustified variability in practice; scientific integrity, which opposes pseudoscience, bias, and conflicts of interest; and a person-centered approach, which recognizes that the best evidence must always be integrated with the patient's values and preferences.</p>
				<p>From an organizational and social perspective, the course fosters collaboration and interdisciplinary work by breaking down knowledge silos and valuing horizontal exchange between professionals and specialties; health equity by ensuring that the best available knowledge reaches all patients equally; and the sustainability of health systems through the efficient use of resources and the elimination of low-value practices.</p>
				<p>Finally, from an epistemological perspective, continuous learning and cognitive humility are cultivated; that is, the willingness to modify practice in the face of new evidence, responsible innovation, and the prevention of professional burnout associated with information overload. All of this shapes a graduate profile capable of identifying where knowledge is lost or underutilized in a medical context, choosing the most appropriate GC framework for a given problem, and persuasively communicating an evidence-based improvement proposal.</p>
				<p><italic>Theoretical foundations of the impact study</italic></p>
				<p>The evaluation of a training program requires a conceptual framework that allows for distinguishing between different levels of impact. <xref ref-type="bibr" rid="B7">Kirkpatrick's (1998</xref>) four-level model, widely used in the evaluation of educational and training programs, distinguishes: the reaction level, referring to the participants' immediate satisfaction and perception of the training experience; the learning level, which assesses the increase in knowledge, skills, and attitudes attributable to the intervention; the behavior level, which examines whether what has been learned translates into effective changes in performance in the work environment; and the outcomes level, which evaluates the final impact on organizational indicators or institutional objectives, such as quality of care or patient safety.</p>
				<p>Since this study is limited to the immediate evaluation of an undergraduate elective course, the proposed instrument focuses primarily on perceived learning levels (self-reported knowledge and skills) and attitudes, without excluding a perceived usefulness component similar to the reaction level. Assessing behavioral levels and organizational outcomes exceeds the scope of a 36-hour elective course and would require a longitudinal follow-up design after student graduation, which remains proposed as a future line of research.</p>
				<p>The instrument's design is also based on the previously described principles of knowledge conversion. The questionnaire's knowledge and skills dimensions correspond to the knowledge conversion modes of the SECI model (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Nonaka &amp; Takeuchi, 1999</xref>): the knowledge items primarily explore the internalization of theoretical concepts, while the skills items explore the capacity for externalization and combination, that is, the translation of that theoretical knowledge into applicable practical tools.</p>
				<p>The attitudes dimension reflects the student's willingness to socialize and exchange knowledge with other professionals, an element identified as crucial for the sustainability of any knowledge management initiative in health (Pan American Health Organization, 2020). Finally, the perceived usefulness dimension allows for an assessment of the program's relevance and applicability from the student's own perspective, in line with the reaction level of Kirkpatrick's model.</p>
				<p><italic>Methodology for impact assessment</italic></p>
				<p>An observational, descriptive, cross-sectional study with a before-and-after comparative component (single-group pre-test, post-test design) is proposed, to be developed during the first edition of the course, planned for the 2026 academic year. The study population consists of all fifth-year students enrolled in the elective course, without the need for probabilistic sampling given the census nature of the proposal.</p>
				<p>The instrument was administered at two points: during the introductory meeting, before any content was taught (pre-test), and during the final evaluation session, after the research projects had been presented (post-test). It is a self-administered and anonymous survey, in digital format, with a five-point Likert scale (1: strongly disagree; 2: disagree; 3: neither agree nor disagree; 4: agree; 5: strongly agree), which allows for the preservation of participant confidentiality and facilitates subsequent statistical analysis.</p>
				<p>Data analysis followed a predominantly descriptive approach (means, standard deviations, and frequencies per item and per dimension), complemented by a paired-samples t-test the Wilcoxon signed-rank test, or the paired Student's t-test if the normality assumption was met to compare pre-test and post-test scores in each of the four dimensions. A complementary qualitative analysis of the open-ended responses included at the end of the questionnaire was also used to enrich the interpretation of the quantitative results.</p>
				<p><italic>Proposed instrument</italic></p>
				<p>The questionnaire was organized on the basis of four dimensions: knowledge about GC; practical skills; attitudes and motivation; and perceived usefulness of the course, with five items per dimension, for a total of twenty items, as detailed in <xref ref-type="table" rid="t5">Table 2</xref>. It should be noted that the perceived usefulness dimension is only applied in the post-test, as its assessment is not relevant before having completed the program.</p>
				<p>
					<table-wrap id="t5">
						<label>Table 2</label>
						<caption>
							<title>Proposed instrument</title>
						</caption>
						<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt5.jpg"/>
						<table-wrap-foot>
							<fn id="TFN5">
								<p>Source: Own elaboration</p>
							</fn>
						</table-wrap-foot>
					</table-wrap>
				</p>
				<p><italic>Results obtained</italic></p>
				<p>To obtain the final results, after applying the instrument in this first edition of the course, a possible scenario of expected results was also considered, based on available evidence of comparable training interventions in knowledge management and evidence-based practice in the health sector (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Jiménez-Manjarrés <italic>et al.</italic>, 2022</xref>; Pan American Health Organization, 2020; <xref ref-type="bibr" rid="B11">Tran Ngoc <italic>et al.</italic>, 2026</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B12">World Health Organization, 2005</xref>). In conclusion, <xref ref-type="table" rid="t6">Table 3</xref> summarizes, in terms of plausible ranges of mean scores, the performance of the instrument by dimension.</p>
				<p>
					<table-wrap id="t6">
						<label>Table 3</label>
						<caption>
							<title>Instrument results by dimensions</title>
						</caption>
						<graphic xlink:href="1729-8091-eds-26-e24-gt6.jpg"/>
						<table-wrap-foot>
							<fn id="TFN6">
								<p>Source: Own elaboration</p>
							</fn>
						</table-wrap-foot>
					</table-wrap>
				</p>
				<p>In the knowledge dimension, the greatest relative increase was observed, given that much of the course content, particularly the theoretical models of clinical trials and evidence synthesis tools, is not part of the mandatory prerequisite curriculum for medical school. Therefore, the starting point (pre-test) was relatively low, close to the midpoint of the scale. For this reason, the program director decided to develop and implement the course, considering its significance for the students' future professional performance once they become interns in their sixth year.</p>
				<p>The practical skills dimension showed a similar pattern, although with a slightly smaller magnitude of change, insofar as the development of procedural skills, such as designing a knowledge management strategy or using evidence synthesis tools, usually requires more consolidation time than simply acquiring declarative knowledge. These skills will be further developed in the sixth year of the program.</p>
				<p>The dimension of attitudes and motivation, on the other hand, started from relatively favorable baseline values; in the fifth year of the degree, students usually show a positive disposition towards professional updating and teamwork, so the margin of improvement obtained, even though it was statistically significant, was of lesser magnitude than in the cognitive and procedural dimensions.</p>
				<p>Finally, in the dimension of perceived usefulness, evaluated exclusively in the post-test, a high rating was obtained, consistent with what has been reported in GC training experiences oriented towards solving real problems in the participants' work environment, a pedagogical approach that the literature consistently associates with higher levels of perceived relevance (Pan American Health Organization, 2020).</p>
				<p>It is important to note that these results constitute a working hypothesis based on the literature and the course's pedagogical design, and not on previously obtained empirical data. Factors that may have moderated the actual magnitude of the observed change include group size, the prior motivation of the elective students (who, as it is an optional subject, may have initially shown greater interest in the topic than the general student body), the concurrent academic workload typical of the fifth year of the program (work-based learning), and the availability of technological resources for the practical activities.</p>
				<p>The empirical confirmation of this scenario, through the actual application of the instrument in the first cohort of students, allowed not only the validation of the impact of the course, but also the identification of possible adjustments in its curricular design, in the distribution of time between topics, or in the relative emphasis given to the theoretical and practical components of the program.</p>
				<p>From a broader perspective, the availability of a validated impact assessment instrument provided the course with a tool for continuous improvement: the results of each edition could be compared longitudinally, allowing the stability of the training effect to be assessed across different cohorts and its eventual association with variables such as overall academic performance or the subsequent choice of specialties related to health management.</p>
				<p>It also allows us to anticipate some methodological limitations inherent to this type of design. Since it is a single-group design without a control group, it is not possible to completely rule out that some of the improvement observed between the pre-test and post-test is due to factors external to the course, such as simultaneous progress in other fifth-year subjects, or to the effect of familiarization with the measurement instrument itself.</p>
				<p>Furthermore, because it is based on self-reporting, the survey captures students' subjective perception of competence, which does not necessarily coincide exactly with objectively assessed performance. Therefore, it is recommended that this instrument be complemented in the future with direct performance measures, such as the quality of the knowledge management projects presented in the final evaluation, assessed using the evaluation criteria already established in the course syllabus (problem analysis, solution design, research and justification, communication and presentation, feasibility, and originality). Triangulation between self-reported perception and observed performance facilitated a more robust estimate of the program's actual impact.</p>
			</sec>
			<sec sec-type="conclusions">
				<title>Conclusions</title>
				<p>The elective course in Knowledge Management in Medical Sciences addresses a specific and well-documented training need: to equip future physicians with the conceptual and methodological tools to transform the overabundance of biomedical information into timely, evidence-based clinical decisions. Its curriculum coherently integrates the main theoretical frameworks of knowledge management the SECI model and the concept of intellectual capital with the fundamentals of evidence-based practice, culminating in an applied exercise solving real-world problems in the healthcare setting.</p>
				<p>The proposed survey instrument, based on Kirkpatrick's four-level model and structured around the dimensions of knowledge, skills, attitudes, and perceived usefulness, offers a systematic and replicable way to estimate the course's educational impact on its students. While the results obtained constitute a hypothesis based on available evidence from comparable experiences, and not a definitive empirical finding, their explicit formulation allows for guiding the future application of the instrument and anticipating aspects of the program that may require adjustment.</p>
				<p>In short, the systematic application of this instrument in successive editions of the course constitutes an objective way to validate knowledge management as a viable training strategy, capable of contributing, from the undergraduate level, to closing the persistent gap between available scientific knowledge and its effective application in patient care.</p>
			</sec>
		</body>
	</sub-article>
</article>