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				<journal-title>Sociedad &amp; Tecnología. Revista Científico Pedagógica</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">2773-7349</issn>
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				<publisher-name>Instituto Superior Tecnológico Jubones</publisher-name>
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					<subject>Artículo original</subject>
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				<article-title>Cultura de prevención de riesgos en educación primaria mediante metodologías activas en Caborca, Sonora</article-title>
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						<given-names>Raúl Iván</given-names>
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					<xref ref-type="corresp" rid="c1"><sup>*</sup></xref>
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						<surname>Hans-Hagelsieb</surname>
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						<surname>Ortega-Méndez</surname>
						<given-names>Edgar Isaac</given-names>
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					<label>1 </label>
					<institution content-type="original">Universidad de Sonora, H. Caborca, Sonora. México</institution>
					<institution content-type="normalized">Universidad de Sonora</institution>
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			<author-notes>
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					<label><sup>*</sup></label>Autor para correspondencia: <email>raul.martineznevarez@unison.mx</email>
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					<p>No existen conflictos de intereses entre los autores</p>
				</fn>
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					<p>Metodológica: Edgar Isaac Ortega Méndez, Raúl Iván Martínez Nevárez</p>
				</fn>
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					<p>Ajustes: Raúl Iván Martínez Nevárez</p>
				</fn>
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					<p>Investigación: Raúl Iván Martínez Nevárez</p>
				</fn>
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					<p>Metodología: Federico Hans Hagelsieb, Edgar Isaac Ortega Méndez</p>
				</fn>
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					<p>Supervisión y edición: Federico Hans Hagelsieb Edgar Isaac Ortega Méndez</p>
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					<p>Visualización: Federico Hans Hagelsieb, Edgar Isaac Ortega Méndez, Raúl Iván Martínez Nevárez</p>
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					<p>Redacción y revisión: Federico Hans Hagelsieb</p>
				</fn>
			</author-notes>
			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
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				<year>2026</year>
			</pub-date>
			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jan-Dec</season>
				<year>2026</year>
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			<volume>26</volume>
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				<date date-type="received">
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>El presente artículo analiza una intervención pedagógica para mitigar la incidencia de accidentes infantiles fomentando una cultura de prevención y autocuidado en los ámbitos escolar, doméstico y público. El estudio se fundamentó normativamente en la NOM-003-SEGOB-2011 y se estructuró metodológicamente en cinco fases: inicialización, planificación, ejecución, control y cierre. La muestra incluyó a 59 estudiantes de los grados 5to A y 6to B de la escuela primaria “Florencia R. de Munguía” en Caborca, Sonora. Se implementaron metodologías activas, tales como el Aprendizaje Basado en Proyectos, la gamificación y el aprendizaje experiencial a través de simulacros y talleres de primeros auxilios.</p>
			</abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>Palabras claves:</title>
				<kwd>Prevención de riesgos</kwd>
				<kwd>Educación primaria</kwd>
				<kwd>Cultura de seguridad</kwd>
				<kwd>Metodologías activas</kwd>
				<kwd>Aprendizaje basado en proyectos</kwd>
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	<body>
		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>En el panorama educativo contemporáneo, los incidentes infantiles representan una problemática crítica de salud y seguridad que impacta el desarrollo integral y el rendimiento académico de los educandos. </p>
			<p>En México, datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (ENSANUT, 2021) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (<xref ref-type="bibr" rid="B6">INEGI, 2022</xref>) en México revelan una estadística alarmante: el 17.1% de los accidentes infantiles ocurren dentro del entorno escolar. </p>
			<p>Este fenómeno se origina primordialmente por la limitada capacidad de los menores para evaluar peligros y la curiosidad innata que los conduce a enfrentar situaciones que superan sus habilidades de autocuidado.</p>
			<p>A pesar de contar con marcos regulatorios sólidos, como la Norma Oficial Mexicana NOM-003-SEGOB-2011, persiste una carencia de integración sistemática de la cultura de prevención en el currículo básico. (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Secretaría de Gobernación, 2011</xref>) </p>
			<p>La escuela, bajo la mirada de <xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux (2003</xref>), debe funcionar como una “pequeña sociedad” donde el aprendizaje de la vida ciudadana incluya la formación de hábitos seguros que trasciendan al hogar y la vía pública. </p>
			<p>En este sentido, la prevención no debe limitarse a la respuesta ante emergencias, sino promoverse como un enfoque proactivo basado en la anticipación y mitigación de riesgos.</p>
			<p>En tal sentido, en la Guía de Prevención de Desastres elaborada por el <xref ref-type="bibr" rid="B2">Centro Nacional de Prevención de Desastres (2014</xref>) se plantea que:</p>
			<p>Los diversos fenómenos perturbadores que ocurren en México, como inundaciones, sismos, huracanes, deslizamientos, entre otros, ocasionan graves pérdidas que tienen un severo impacto social y económico, tanto en las grandes ciudades como en las pequeñas comunidades.</p>
			<p>Estos daños, que se registran de manera periódica en centros educativos, provocados por los hechos mencionados, no solo afectan el desempeño y aprendizaje de nuestros estudiantes, sino también la salud y el estado emocional de todos los miembros de la comunidad escolar, principalmente de las niñas, niños y adolescentes (NNA). (p .9)</p>
			<p>Desde una perspectiva pedagógica, la consolidación de esta cultura requiere transitar de modelos pasivos hacia metodologías activas. </p>
			<p>Estrategias como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) han demostrado incrementar la retención de conocimientos en casi un 50% en educación básica, mientras que la gamificación potencia la participación estudiantil hasta en un 60%, especialmente en niños de entre 6 y 12 años.</p>
			<p>Asimismo, el aprendizaje experiencial mediante simulacros permite reducir hasta en un 70% el caos durante emergencias reales.</p>
			<p>Bajo este sustento, el presente artículo analiza la implementación de un proyecto educativo en la escuela primaria “Florencia R. de Munguía”, en Caborca, Sonora, México.</p>
			<p>La intervención se centró en una muestra de 59 estudiantes de 5to y 6to grado, con el objetivo de transformar la falta de conocimiento y supervisión en hábitos de respuesta efectivos. </p>
			<p>A través de un enfoque alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se busca fomentar la resiliencia y el cuidado mutuo como pilares de una formación ciudadana consciente y responsable.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="results">
			<title>Desarrollo</title>
			<p>La cultura de prevención de riesgos puede entenderse como un entramado articulado de conocimientos, valores, actitudes y prácticas que permiten a las personas anticipar, identificar y responder de manera pertinente ante situaciones potencialmente peligrosas. </p>
			<p>No se limita a la reacción frente a la emergencia, sino que implica la internalización de hábitos de autocuidado que se convierten en pautas estables de comportamiento cotidiano. Este enfoque coincide con la perspectiva de la educación para la salud y la seguridad promovida por la Organización Mundial de la Salud, que subraya la importancia de generar competencias preventivas desde la infancia como parte de la formación integral (<xref ref-type="bibr" rid="B11">OMS, 2018</xref>).</p>
			<p>En el ámbito escolar, esta noción adquiere un significado formativo profundo.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux (2003</xref>) plantea que la escuela constituye una “pequeña sociedad”, donde los estudiantes ensayan formas de convivencia, normas y responsabilidades que reproducen la vida comunitaria. </p>
			<p>En este microcosmos social, la adquisición de conductas seguras no es un aprendizaje accesorio, sino una experiencia de ciudadanía práctica. Aprender a evacuar ordenadamente, reconocer señalizaciones, identificar riesgos en el entorno o asistir a un compañero en una emergencia implica desarrollar competencias cívicas vinculadas con el respeto, la solidaridad y la corresponsabilidad.</p>
			<p>Esta formación se ve reforzada por el papel de la familia como primer agente educativo. Tal como señalan <xref ref-type="bibr" rid="B7">Manjarrés-Zambrano <italic>et al.</italic> (2023</xref>), el hogar constituye el espacio primario donde el niño construye sus primeras nociones de cuidado, límites y autoprotección. </p>
			<p>La escuela, en consecuencia, no sustituye este rol, sino que lo complementa y sistematiza, generando un puente entre el aprendizaje doméstico y la formación académica. </p>
			<p>Cuando ambos espacios actúan de forma coordinada, la cultura preventiva se consolida con mayor fuerza y coherencia.</p>
			<p>No obstante, para que la prevención de accidentes en educación primaria sea verdaderamente significativa, resulta indispensable superar los modelos de enseñanza pasivos centrados en la memorización de normas. </p>
			<p>El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) representa una estrategia idónea. Esta metodología coloca al estudiante frente a problemas reales de su entorno, promoviendo la investigación, el análisis y la propuesta de soluciones concretas. </p>
			<p>La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (<xref ref-type="bibr" rid="B10">UNESCO, 2017</xref>) ha destacado que el aprendizaje activo y contextualizado favorece una mayor retención del conocimiento y el desarrollo de competencias transferibles a la vida cotidiana. En el contexto de la prevención de riesgos, el ABP permite que los alumnos identifiquen peligros reales en su escuela, hogar o comunidad, transformando el contenido preventivo en una experiencia significativa y situada.</p>
			<p>De manera complementaria, la gamificación introduce elementos lúdicos -retos, recompensas, niveles, cooperación- que incrementan la motivación y el compromiso del alumnado. </p>
			<p>Según el Banco Interamericano de Desarrollo (<xref ref-type="bibr" rid="B1">BID, 2020</xref>), las estrategias lúdicas bien diseñadas favorecen la participación sostenida y el interés en el aprendizaje en estudiantes de educación básica. </p>
			<p>En el ámbito preventivo, estas dinámicas permiten practicar conductas seguras en entornos simulados, donde el error se convierte en una oportunidad de aprendizaje sin consecuencias reales.</p>
			<p>Por su parte, el aprendizaje experiencial y la realización de simulacros constituyen uno de los pilares más sólidos en la formación preventiva. </p>
			<p>La <xref ref-type="bibr" rid="B4">Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC, 2020</xref>) subraya que la práctica periódica de simulacros en los centros escolares fortalece la capacidad de respuesta organizada y reduce la desorientación emocional ante situaciones reales de emergencia. La repetición de estas prácticas genera familiaridad con los protocolos y disminuye la probabilidad de pánico colectivo.</p>
			<p>Así, la integración de ABP, gamificación y aprendizaje experiencial no responde a una elección metodológica aislada, sino a una coherencia pedagógica que busca traducir la normativa de protección civil en conductas interiorizadas. La prevención deja de ser un contenido informativo para convertirse en una competencia vivida, ensayada y comprendida desde la práctica.</p>
			<p>Esta fundamentación evidencia que la cultura de prevención en la escuela primaria no se logra mediante la transmisión de reglas, sino a través de experiencias educativas estructuradas que articulan escuela, familia y metodologías activas, orientadas a formar ciudadanos capaces de cuidarse a sí mismos y a los demás.</p>
			<p>A partir de lo anteriormente planteado la presente investigación adoptó un enfoque descriptivo y propositivo, fundamentado en una intervención pedagógica estructurada que buscó transformar la teoría de la seguridad en hábitos de respuesta efectivos.</p>
			<p>La muestra fue de carácter no probabilístico por conveniencia, integrada por 59 estudiantes de la escuela primaria “Florencia R. de Munguía” en Caborca, Sonora, México. </p>
			<p>El universo de estudio se dividió en dos grupos: 5to A (29 alumnos) y 6to B (30 alumnos). Un aspecto metodológico relevante fue la inclusión de estudiantes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), lo que demandó estrategias de enseñanza diversificadas y una atención personalizada para garantizar su participación en las dinámicas de prevención.</p>
			<p>Fases del diseño</p>
			<p>El diseño se articuló en cinco fases sistemáticas:</p>
			<p>
				<list list-type="order">
					<list-item>
						<p>Inicialización: Definición de objetivos y asignación de roles técnicos.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Planificación: Construcción del sustento normativo basado en la NOM-003-SEGOB-2011 y selección de variables de riesgo (escolar, doméstico y vial).</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Ejecución: Implementación de siete sesiones didácticas y un simulacro final evaluativo.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Control: Análisis comparativo de datos pre y post-intervención.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Cierre: Documentación de hallazgos y formulación de propuestas de mejora.</p>
					</list-item>
				</list>
			</p>
			<p>Se utilizó un diagnóstico parametrizado mediante una escala Likert de cinco niveles (Nunca a Siempre) para evaluar la vulnerabilidad.</p>
			<p>El instrumento aplicado permitió categorizar a los alumnos según su nivel de conciencia preventiva:</p>
			<p>
				<list list-type="bullet">
					<list-item>
						<p>Riesgo Alto (0-39 puntos): Incapacidad para identificar peligros; requiere intervención urgente.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Riesgo Medio (40-59 puntos): Conocimientos parciales; requiere refuerzo.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>Riesgo Bajo (60-80 puntos): Identificación adecuada de riesgos y toma de decisiones seguras.</p>
					</list-item>
				</list>
			</p>
			<p>El análisis de los datos reveló una disparidad significativa en el impacto de la intervención entre ambos grados, permitiendo una reflexión profunda sobre los factores que condicionan el aprendizaje de la cultura de prevención.</p>
			<p>En este grupo, la aplicación de metodologías activas (ABP y gamificación) resultó altamente efectiva. </p>
			<p>En el diagnóstico inicial efectuado, solo 4 alumnos se ubicaban en la categoría de riesgo bajo; tras la intervención, este número ascendió a 17 estudiantes. El nivel de riesgo alto se redujo de 4 alumnos a solo 1.</p>
			<p>El entorno doméstico fue inicialmente el área más vulnerable (16% respondió &quot;nunca&quot; a acciones seguras en casa). </p>
			<p>Una vez implementado el proyecto, el indicador de respuesta positiva (&quot;siempre&quot;) en el hogar subió del 34% al 60%.</p>
			<p>La percepción de seguridad en la vía pública mejoró drásticamente, pasando de un 41% a un 64% en la identificación de conductas correctas al cruzar calles.</p>
			<p>A diferencia de 5to A, el grupo de 6to B presentó un retroceso en los indicadores de seguridad. El número de alumnos en riesgo alto aumentó de 2 a 5, mientras que los de riesgo bajo disminuyeron de 8 a 7.</p>
			<p>Este fenómeno no se atribuye a la falta de capacidad cognitiva, sino a variables de convivencia social. Las observaciones directas detectaron palabras hirientes, apodos y conductas negativas que generaron un clima de aula caótico. </p>
			<p>Los autores señalan que la carencia de interés, participación y cooperación de los educandos obstaculizó la asimilación de los protocolos de emergencia.</p>
			<p>A pesar de las diferencias grupales, los talleres de primeros auxilios despertaron un interés transversal. </p>
			<p>El aprendizaje de la maniobra de Heimlich y nociones de RCP permitió a los alumnos comprender la importancia de actuar con serenidad, técnica que, según la <xref ref-type="bibr" rid="B5">Cruz Roja Mexicana (2018</xref>), aumenta hasta en un 80% las posibilidades de sobrevivir a un accidente. Asimismo, la técnica de sismos (“Agáchate, Cúbrete y Agárrate”) demostró que el aprendizaje experiencial reduce el pánico, factor que contribuye a la resiliencia infantil.</p>
			<p>La implementación de una cultura de prevención en la educación primaria exige una transformación del rol docente, quien debe dejar de ser un supervisor pasivo para convertirse en un promotor activo de la seguridad integral. A continuación, se detallan las implicaciones clave derivadas de esta investigación:</p>
			<p>Una de las implicaciones más críticas es la necesidad de que el docente desarrolle competencias en autorregulación emocional. </p>
			<p>De acuerdo a la Secretaría de Educación Pública (<xref ref-type="bibr" rid="B8">SEP, 2019</xref>), el ejemplo de los adultos es el factor determinante para que los menores aprendan a responder con equilibrio emocional en situaciones de emergencia.</p>
			<p>En momentos de crisis, el docente debe actuar como un modelo de serenidad, ya que la capacidad de mantener la calma puede marcar una gran diferencia en la capacidad de respuesta del niño. Asimismo, la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) destaca que el entrenamiento docente en simulacros puede reducir hasta en un 70% el caos y los accidentes durante una emergencia real.</p>
			<p>El ejercicio pedagógico debe integrar herramientas que trasciendan la teoría. El uso del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) es fundamental, dado que la UNESCO señala que este enfoque mejora en casi un 50% la retención de conocimientos en educación básica. </p>
			<p>De igual manera, la incorporación de la gamificación es una estrategia potente; según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el uso de elementos de juego aumenta la participación de los alumnos hasta en un 60%, especialmente en el rango de los 6 a los 12 años. </p>
			<p>El docente, por tanto, debe estar capacitado para diseñar ambientes de aprendizaje experiencial donde se practiquen técnicas vitales como la maniobra de Heimlich, la cual puede salvar vidas en casos de asfixia por atragantamiento.</p>
			<p>Los resultados de la investigación demostraron que el éxito de una intervención preventiva está condicionado por el clima socioemocional del grupo.</p>
			<p>Mientras que el grupo de 5to A logró reducir los niveles de riesgo significativamente, el grupo de 6to B presentó un retroceso atribuido a la falta de interés y a conductas sociales negativas como el uso de palabras hirientes y apodos. </p>
			<p>Para el docente, esto implica que la seguridad escolar debe abordarse desde la mirada de <xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux (2003</xref>), entendiendo la escuela como una “pequeña sociedad” donde se debe fomentar la formación ciudadana y la práctica de la vida comunitaria para evitar riesgos sociales como el bullying.</p>
			<p>La práctica docente debe fortalecer el vínculo con las familias, ya que se reconoce que la familia es el primer espacio de interacción donde el niño adquiere las bases de su formación integral y ecológica. </p>
			<p>Dado que los diagnósticos iniciales mostraron que el hogar es el entorno donde los niños perciben mayores riesgos (34% en 5to A y 48% en 6to B), el docente debe guiar a los padres para que los hábitos preventivos tengan continuidad fuera del aula. Todo esto bajo el cumplimiento estricto de la NOM-003-SEGOB-2011, que obliga a la señalización clara y la capacitación constante de las brigadas escolares.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>La investigación realizada demostró que las estrategias pedagógicas tienen un impacto diferenciado según la madurez y disposición del grupo. Así, mientras que el grupo de 5to A logró una mejora sustancial, elevando de 4 a 17 el número de alumnos en categoría de bajo riesgo, el grupo de 6to B experimentó un retroceso, aumentando de 2 a 5 los estudiantes en riesgo alto.</p>
			<p>El éxito de la educación preventiva no depende exclusivamente de la técnica didáctica, sino de la cohesión grupal. En 6to B, la falta de interés, la escasa cooperación y las conductas negativas (como el uso de apodos y palabras hirientes) actuaron como barreras críticas que impidieron la asimilación de los protocolos de seguridad.</p>
			<p>Se confirma que el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), la gamificación y el aprendizaje experiencial son las herramientas más eficaces para la formación en protección civil. Estas estrategias no solo aumentan la participación estudiantil hasta en un 60%, sino que mejoran la retención de conocimientos técnicos en un 50%, permitiendo que los niños “aprendan haciendo”.</p>
			<p>Las prácticas de primeros auxilios (maniobra de Heimlich y RCP) y los simulacros de evacuación demostraron ser fundamentales para reducir el pánico y el caos. El aprendizaje experiencial otorga al estudiante la confianza necesaria para actuar con serenidad, lo cual es vital dado que una atención correcta puede aumentar hasta en un 80% las posibilidades de sobrevivir a un accidente.</p>
			<p>Para que la cultura de prevención sea sostenible, debe trascender los muros escolares. El diagnóstico reveló que el hogar es percibido como un entorno de alta vulnerabilidad para los niños. Por ello, se concluye que es imperativo integrar a las familias en el proceso educativo y garantizar la formación docente continua para consolidar hábitos de autocuidado estables.</p>
			<p>Atender la estadística de que el 17.1% de los accidentes infantiles en México ocurren en las escuelas no es solo una medida de seguridad, sino una inversión en la formación integral del ciudadano. Este proyecto se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al fomentar entornos seguros, inclusivos y resilientes desde la educación básica.</p>
		</sec>
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	<back>
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			<title>Referencias bibliográficas</title>
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				<mixed-citation>Banco Interamericano de Desarrollo (BID). (2020). <italic>La educación en tiempos del coronavirus: Los sistemas educativos de América Latina y el Caribe ante COVID-19</italic>. </mixed-citation>
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							<surname>Manjarrés-Zambrano</surname>
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					<article-title>La familia como escenario primario de formación integral infantil</article-title>
					<source>Revista Educación y Sociedad</source>
					<volume>21</volume>
					<issue>2</issue>
					<fpage>55</fpage>
					<lpage>70</lpage>
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				<mixed-citation>Secretaría de Educación Pública (SEP). (2019). <italic>Manual de seguridad escolar</italic>.</mixed-citation>
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					<source>Manual de seguridad escolar</source>
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				<mixed-citation>Secretaría de Gobernación. (2011). <italic>Norma Oficial Mexicana NOM-003-SEGOB-2011, Señales y avisos para protección civil. Colores, formas y símbolos a utilizar</italic>. Diario Oficial de la Federación.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (2017). <italic>Educación para los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Objetivos de aprendizaje</italic>. UNESCO.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Organización Mundial de la Salud (OMS). (2018). <italic>Injury prevention and safety promotion in schools</italic>.</mixed-citation>
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					<subject>Original article</subject>
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				<article-title>Risk Prevention Culture in Primary Education through Active Methodologies in Caborca, Sonora</article-title>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original">Universidad de Sonora, H. Caborca, Sonora. México</institution>
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			<author-notes>
				<corresp id="c2">
					<label><sup>*</sup></label>Author for correspondence: <email>raul.martineznevarez@unison.mx</email>
				</corresp>
			</author-notes>
			<abstract>
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article analyzes an educational intervention designed to reduce the incidence of childhood accidents by fostering a culture of prevention and self-care in school, home, and public settings. The study was grounded in the NOM-003-SEGOB-2011 standard and was methodologically structured into five phases: initiation, planning, implementation, monitoring, and closure. The sample included 59 students from 5th grade A and 6th grade B at the “Florencia R. de Munguía” elementary school in Caborca, Sonora. Active methodologies were implemented, such as Project-Based Learning, gamification, and experiential learning through drills and first-aid workshops.</p>
			</abstract>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Risk prevention</kwd>
				<kwd>Elementary education</kwd>
				<kwd>Safety culture</kwd>
				<kwd>Active learning methods</kwd>
				<kwd>Project-based learning</kwd>
			</kwd-group>
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		<body>
			<sec sec-type="intro">
				<title>Introduction</title>
				<p>In today’s educational landscape, childhood accidents represent a critical health and safety issue that affects students’ overall development and academic performance. </p>
				<p>In Mexico, data from the Continuous National Health and Nutrition Survey (ENSANUT, 2021) and the National Institute of Statistics and Geography (<xref ref-type="bibr" rid="B6">INEGI, 2022</xref>) reveal an alarming statistic: 17.1% of childhood accidents occur within the school environment. </p>
				<p>This phenomenon stems primarily from children’s limited ability to assess dangers and their innate curiosity, which leads them to face situations that exceed their self-care skills.</p>
				<p>Despite the existence of robust regulatory frameworks, such as Mexican Official Standard NOM-003-SEGOB-2011, there remains a lack of systematic integration of a culture of prevention into the core curriculum. (Ministry of the Interior, 2011) </p>
				<p>According to <xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux (2003</xref>), schools should function as a “small society” where learning about civic life includes the development of safe habits that extend beyond the home and into public spaces. </p>
				<p>In this sense, prevention should not be limited to emergency response but should be promoted as a proactive approach based on risk anticipation and mitigation.</p>
				<p>In this regard, the Disaster Prevention Guide developed by the <xref ref-type="bibr" rid="B2">National Center for Disaster Prevention (2014</xref>) states that:</p>
				<p>The various disruptive events that occur in Mexico-such as floods, earthquakes, hurricanes, and landslides, among others-cause significant losses that have a severe social and economic impact, both in large cities and in small communities.</p>
				<p>This damage, which occurs periodically in schools as a result of the aforementioned events, not only affects our students’ performance and learning but also the health and emotional well-being of all members of the school community, particularly children and adolescents. (p. 9)</p>
				<p>From an educational perspective, fostering this culture requires a shift from passive models to active methodologies. </p>
				<p>Strategies such as Project-Based Learning (PBL) have been shown to increase knowledge retention by nearly 50% in elementary education, while gamification boosts student engagement by up to 60%, especially among children aged 6 to 12.</p>
				<p>Likewise, experiential learning through drills can reduce chaos during real emergencies by up to 70%.</p>
				<p>Based on this premise, this article analyzes the implementation of an educational project at the “Florencia R. de Munguía” elementary school in Caborca, Sonora, Mexico. </p>
				<p>The intervention focused on a sample of 59 fifth- and sixth-grade students, with the goal of transforming a lack of knowledge and supervision into effective response habits. </p>
				<p>Through an approach aligned with the Sustainable Development Goals (SDGs), the project seeks to foster resilience and mutual care as pillars of conscious and responsible citizenship education.</p>
			</sec>
			<sec sec-type="results">
				<title>Development</title>
				<p>A culture of risk prevention can be understood as a cohesive framework of knowledge, values, attitudes, and practices that enable people to anticipate, identify, and respond appropriately to potentially dangerous situations. </p>
				<p>It is not limited to reacting to emergencies, but rather involves the internalization of self-care habits that become established patterns of daily behavior. This approach aligns with the perspective on health and safety education promoted by the World Health Organization, which emphasizes the importance of developing preventive skills from childhood as part of comprehensive education (<xref ref-type="bibr" rid="B11">WHO, 2018</xref>).</p>
				<p>In the school setting, this concept takes on profound educational significance.</p>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux (2003</xref>) argues that the school constitutes a “mini-society,” where students practice forms of coexistence, norms, and responsibilities that mirror community life. </p>
				<p>In this social microcosm, the acquisition of safety behaviors is not an incidental learning experience, but rather a practical exercise in citizenship. Learning to evacuate in an orderly manner, recognize signage, identify risks in the environment, or assist a classmate in an emergency involves developing civic competencies linked to respect, solidarity, and shared responsibility.</p>
				<p>This education is reinforced by the family’s role as the primary educational agent. As <xref ref-type="bibr" rid="B7">Manjarrés-Zambrano et al. (2023</xref>) point out, the home is the primary space where children develop their first notions of care, boundaries, and self-protection. </p>
				<p>School, therefore, does not replace this role but rather complements and systematizes it, creating a bridge between domestic learning and academic education. </p>
				<p>When these two areas work in coordination, a culture of prevention becomes more firmly established and consistent.</p>
				<p>However, for accident prevention in elementary education to be truly effective, it is essential to move beyond passive teaching models focused on memorizing rules. </p>
				<p>Project-Based Learning (PBL) represents an ideal strategy. This methodology confronts students with real-world problems in their environment, encouraging research, analysis, and the proposal of concrete solutions. </p>
				<p>The United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (<xref ref-type="bibr" rid="B10">UNESCO, 2017</xref>) has emphasized that active and context-based learning promotes greater knowledge retention and the development of skills that can be applied to everyday life. In the context of risk prevention, PBL enables students to identify real hazards in their school, home, or community, transforming preventive content into a meaningful and context-based experience.</p>
				<p>Complementarily, gamification introduces playful elements-challenges, rewards, levels, cooperation-that increase student motivation and engagement.</p>
				<p>According to the Inter-American Development Bank (<xref ref-type="bibr" rid="B1">IDB, 2020</xref>), well-designed playful strategies promote sustained participation and interest in learning among students in basic education. </p>
				<p>In the context of prevention, these exercises allow participants to practice safe behaviors in simulated environments, where mistakes become learning opportunities without real-world consequences.</p>
				<p>Experiential learning and the conduct of drills constitute one of the strongest pillars of preventive training. </p>
				<p>The National Civil Protection Coordination (<xref ref-type="bibr" rid="B4">CNPC, 2020</xref>) emphasizes that regularly conducting drills in schools strengthens organized response capabilities and reduces emotional disorientation in real emergency situations. Repeating these drills builds familiarity with protocols and reduces the likelihood of mass panic.</p>
				<p>Thus, the integration of PBL, gamification, and experiential learning is not an isolated methodological choice, but rather a pedagogical coherence that seeks to translate civil protection regulations into internalized behaviors. Prevention ceases to be merely informational content and becomes a skill that is lived, rehearsed, and understood through practice.</p>
				<p>This reasoning demonstrates that a culture of prevention in elementary school is not achieved by simply imparting rules, but rather through structured educational experiences that bring together the school, the family, and active teaching methods, all aimed at fostering citizens capable of caring for themselves and others.</p>
				<p>Based on the above, this study adopted a descriptive and propositional approach, grounded in a structured pedagogical intervention that sought to translate safety theory into effective response habits.</p>
				<p>The sample was a non-probabilistic convenience sample consisting of 59 students from the “Florencia R. de Munguía” elementary school in Caborca, Sonora, Mexico. </p>
				<p>The study population was divided into two groups: 5th Grade A (29 students) and 6th Grade B (30 students). A relevant methodological aspect was the inclusion of students with Autism Spectrum Disorder (ASD), which required diversified teaching strategies and personalized attention to ensure their participation in the prevention activities..</p>
				<p>Design Phases</p>
				<p>The design was structured into five systematic phases:</p>
				<p>
					<list list-type="order">
						<list-item>
							<p>Initialization: Definition of objectives and assignment of technical roles.</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Planning: Development of the regulatory framework based on NOM-003-SEGOB-2011 and selection of risk variables (school-related, domestic, and traffic-related).</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Execution: Implementation of seven educational sessions and a final evaluative drill.</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Monitoring: Comparative analysis of pre- and post-intervention data.</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Closure: Documentation of findings and formulation of improvement proposals. </p>
						</list-item>
					</list>
				</p>
				<p>A standardized assessment using a five-point Likert scale (Never to Always) was used to evaluate vulnerability.</p>
				<p>The instrument used allowed students to be categorized according to their level of preventive awareness:</p>
				<p>
					<list list-type="bullet">
						<list-item>
							<p><bold>High Risk (0-39 points):</bold> Inability to identify hazards; requires urgent intervention.</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Medium Risk (40-59 points): Partial knowledge; requires reinforcement.</p>
						</list-item>
						<list-item>
							<p>Low Risk (60-80 points): Adequate identification of risks and safe decision-making.</p>
						</list-item>
					</list>
				</p>
				<p>Data analysis revealed a significant disparity in the impact of the intervention between the two grades, prompting a thorough reflection on the factors that influence the learning of a culture of prevention.</p>
				<p>In this group, the application of active methodologies (PBL and gamification) proved highly effective. </p>
				<p>In the initial assessment, only 4 students were in the low-risk category; after the intervention, this number rose to 17 students. The high-risk level decreased from 4 students to just 1.</p>
				<p>The home environment was initially the most vulnerable area (16% responded “never” to safe actions at home). </p>
				<p>Once the project was implemented, the percentage of students who responded “always” to the safety indicator at home rose from 34% to 60%.</p>
				<p>The perception of safety on public streets improved dramatically, with the percentage of students identifying correct behavior when crossing streets increasing from 41% to 64%.</p>
				<p>Unlike 5th Grade A, the 6th Grade B group showed a decline in safety indicators. The number of high-risk students increased from 2 to 5, while the number of low-risk students decreased from 8 to 7.</p>
				<p>This phenomenon is not attributed to a lack of cognitive ability, but rather to factors related to social interaction. Direct observations revealed hurtful words, nicknames, and negative behaviors that created a chaotic classroom environment. </p>
				<p>The authors note that the students’ lack of interest, participation, and cooperation hindered their ability to learn emergency protocols.</p>
				<p>Despite group differences, the first aid workshops sparked widespread interest. </p>
				<p>Learning the Heimlich maneuver and CPR basics allowed students to understand the importance of acting calmly, a technique that, according to the Mexican Red Cross (2018), increases the chances of surviving an accident by up to 80%. Likewise, the earthquake safety technique (“Drop, Cover, and Hold On”) demonstrated that experiential learning reduces panic, a factor that contributes to children’s resilience.</p>
				<p>Implementing a culture of prevention in elementary education requires a transformation of the teacher’s role, who must shift from being a passive supervisor to becoming an active advocate for comprehensive safety. The key implications derived from this research are outlined below:</p>
				<p>One of the most critical implications is the need for teachers to develop skills in emotional self-regulation. </p>
				<p>According to the Ministry of Public Education (<xref ref-type="bibr" rid="B8">SEP, 2019</xref>), the example set by adults is the determining factor in helping children learn to respond with emotional balance in emergency situations.</p>
				<p>In times of crisis, teachers must serve as models of composure, as the ability to remain calm can make a significant difference in a child’s ability to respond. Likewise, the National Civil Protection Coordination Office (CNPC) emphasizes that training teachers through drills can reduce chaos and accidents by up to 70% during a real emergency.</p>
				<p>Educational exercises must incorporate tools that go beyond theory. The use of Project-Based Learning (PBL) is essential, as UNESCO notes that this approach improves knowledge retention in basic education by nearly 50%. </p>
				<p>Similarly, the incorporation of gamification is a powerful strategy; according to the Inter-American Development Bank (IDB), the use of game elements increases student participation by up to 60%, especially among children aged 6 to 12. </p>
				<p>Teachers, therefore, must be trained to design experiential learning environments where vital techniques such as the Heimlich maneuver are practiced, a technique that can save lives in cases of choking.</p>
				<p>The research findings showed that the success of a preventive intervention depends on the group’s socio-emotional climate.</p>
				<p>While the 5th A group managed to significantly reduce risk levels, the 6th B group experienced a setback attributed to a lack of interest and negative social behaviors such as the use of hurtful words and nicknames. </p>
				<p>For the teacher, this implies that school safety must be approached from <xref ref-type="bibr" rid="B3">Chaux’s (2003</xref>) perspective, understanding the school as a “small society” where civic education and the practice of community life must be fostered to prevent social risks such as bullying.</p>
				<p>Teaching practices should strengthen ties with families, as it is widely recognized that the family is the primary setting where children acquire the foundations of their holistic and ecological development. </p>
				<p>Given that initial assessments showed that the home is the environment where children perceive the greatest risks (34% in 5th A and 48% in 6th B), teachers must guide parents so that preventive habits continue outside the classroom. All of this must be done in strict compliance with NOM-003-SEGOB-2011, which requires clear signage and ongoing training for school safety teams.</p>
			</sec>
			<sec sec-type="conclusions">
				<title>Conclusions</title>
				<p>The study demonstrated that teaching strategies have varying impacts depending on the maturity and disposition of the group. Thus, while the 5th A group achieved a substantial improvement-increasing the number of students in the low-risk category from 4 to 17-the 6th B group experienced a setback, with the number of high-risk students rising from 2 to 5.</p>
				<p>The success of preventive education does not depend exclusively on teaching techniques, but on group cohesion. In 6th B, lack of interest, poor cooperation, and negative behaviors (such as the use of nicknames and hurtful words) acted as critical barriers that prevented the assimilation of safety protocols.</p>
				<p>It has been confirmed that Project-Based Learning (PBL), gamification, and experiential learning are the most effective tools for civil protection training. These strategies not only increase student participation by up to 60% but also improve retention of technical knowledge by 50%, allowing children to “learn by doing.”</p>
				<p>First aid practices (the Heimlich maneuver and CPR) and evacuation drills proved to be essential for reducing panic and chaos. Experiential learning gives students the confidence needed to act calmly, which is vital given that proper care can increase the chances of surviving an accident by up to 80%.</p>
				<p>For a culture of prevention to be sustainable, it must extend beyond school walls. The assessment revealed that the home is perceived as a highly vulnerable environment for children. Therefore, it is imperative to involve families in the educational process and ensure ongoing teacher training to establish stable self-care habits.</p>
				<p>Addressing the statistic that 17.1% of childhood accidents in Mexico occur in schools is not merely a safety measure, but an investment in the holistic development of citizens. This project aligns with the Sustainable Development Goals (SDGs) by promoting safe, inclusive, and resilient environments starting with basic education.</p>
			</sec>
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